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lunes, 25 de marzo de 2024

🔼 El misterio de las enormes canoas que surcaron el Mediterráneo por primera vez hace 7.000 años

Halladas en los noventa en el fondo del lago Bracciano, en Italia, estas embarcaciones llevan años desconcertando a los científicos. Ahora, un nuevo estudio revela nuevos datos y fecha su construcción entre el 5600 y el 5200 a. C


Trabajos de recuperación de una de las canoas neolíticas encontradas en el lago Bracciano, a 32 kilómetros de Roma GIBAJA ET AL., 2024, PLOS ONE

Se conoce que los egipcios ya construían barcos hace 5.000 años para recorrer el río Nilo y que después fenicios, griegos y romanos mejoraron aún más los diseños para navegar por vías marítimas más largas. Sin embargo, no fueron los primeros. Un reciente hallazgo sumergido en el lago Bracciano (situado en la región italiana del Lacio, a 32 kilómetros al noroeste de Roma) arroja pruebas de que los humanos ya surcaban el mar Mediterráneo hace más de 7.000 años. Las conclusiones acaban de publicarse en un estudio en la revista 'PLOS ONE'.

El yacimiento, bautizado como La Marmotta, es un lugar que fue ocupado por los primeros agricultores y ganaderos entre el 5600 y el 5200 a. C (neolítico antiguo). Pero el tiempo ha pasado, y esa zona actualmente se encuentra a unos 300 metros de la actual orilla del lago volcánico Bracciano, sumergido a unos 11 metros de profundidad, 3 metros por debajo del fondo del lago, cubierto de sedimentos.

«Con esto ocurre que, aunque sea de muy difícil excavación, también es como una especie de caja fuerte de muy complicado acceso que, además, propicia que se conserve de forma natural», señala a ABC Juan Francisco Gibaja, científico titular de la Institución Milá y Fontanals de Humanidades del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IMF-CSIC) y líder de la investigación junto con Mario Mineo, del Museo delle Civiltà de Roma, y Niccolò Mazzucco, de la Universidad de Pisa.

De hecho, este yacimiento se descubrió por casualidad en 1989, mientras se instalaban unas tuberías que dirigidas al suministro del Vaticano. Entre los 90 y los 2000 se llevaron a cabo diferentes campañas de excavación, en las que se revelaron varias casas con forma rectangular, con compartimentos internos y un hogar central, una suerte de 'protociudad' incipiente que los investigadores calculan ocupó una superficie aproximada de dos hectáreas. 

Cómo vivían hace 7.000 años en La Marmotta

Aquí se hallaron pruebas de que criaban ovejas, cabras e incluso bueyes y cerdos, además de plantar distintos tipos de trigo, cebada y leguminosas como lentejas, habas o guisantes. También cazaban y recolectaban: se extrajeron decenas de hoces, cuencos, palos cavadores, arcos, útiles de piedra, madera, hueso, ornamentos e incluso recipientes cerámicos, mostrando que su sociedad era mucho más compleja y diversificada de lo que cabría pensar.

Tampoco terminaron ahí las sorpresas. La Marmotta reveló cinco canoas construidas a partir de troncos ahuecados, incluida una once metros de eslora que lleva décadas intrigando a los científicos, Ahora, el equipo de Gibaja ha analizado en detalle estas piraguas prehistóricas, hallando nuevos datos que revelan la sofisticación de los barcos de aquel pueblo neolítico.

La canoa número uno, de 11 metros de eslora -y la más grande encontrada en el yacimiento de La Marmotta-, expuesta en el Museo delle Civilita de Roma GIBAJA ET AL., 2024, PLOS ONE


Para comenzar, los análisis revelaron cuatro tipos diferentes de madera, raros en yacimientos similares. «Eso indica que estas sociedades sabían qué maderas eran mejores para navegar», señala el autor. Por otro lado, la barca más grande incluye técnicas de construcción avanzadas, como refuerzos trasversales en el fondo donde presumiblemente se sentaban, así como tres objetos de madera en forma de T con unos agujeros que podrían corresponder a lugares para sujetar cuerdas atadas a velas u otros elementos náuticos. «Esto es algo muy especial de lo que no tenemos ningún referente, ni arqueológico ni etnográfico. Los especialistas dicen que estas estructuras solo podían estar construidas por gente que sabía muy bien cómo hacer una piragua».

Pero, ¿qué hacía una piragua de 11 metros en un lago de apenas 9 kilómetros? «Es como ir a por el pan en un camión cuando la panadería está a 500 metros de tu casa», dice Gibaja. «Realmente es algo que nos desconcierta. Tenemos dos teorías: la primera, que construyeran embarcaciones grandes 'per se', lo que no tiene mucho sentido; otra es que hayan llegado por el mar, quizás a través de un antiguo río que en su momento pudiera ser navegable. Pero no lo sabemos».

Viajando en la canoa neolítica hasta Portugal

Una investigación anterior recreó la barca más grande, incorporando 12 tripulantes y portando varios kilos de carga. La embarcación fue llevada a la costa con el fin de observar su capacidad de navegación: lo probó con creces y llegó hasta Portugal. «Estamos convencidos de que estas embarcaciones transportaban no solo personas, sino también carga. Además, seguramente procederían de los primeros agricultores, que vinieron desde Grecia por toda la costa del Mediterráneo, entrando por el sur de Italia. Por eso probablemente cuando llegaron aquí no trajeron solo a su gente, sino también a sus animales y sus bienes», indica Gibaja.

Por otro lado, en el yacimiento se han encontrado restos de obsidiana procedente de las islas italianas de Palmarola y Lipari, sílex del Gargano (este de Italia), rocas de los Alpes en la confección de hachas o incluso cerámica procedente del este del Mediterráneo. «Por lo tanto, alguien les llevó estos materiales o fueron ellos a buscarlos -indica el autor-. Si es la segunda opción, no se tiraron al mar, sabían lo que hacían. Nosotros siempre decimos que son prehistóricos, pero no estúpidos. Seguramente conocieron muy bien las corrientes y los vientos, una información que pasó de generación en generación durante siglos y siglos».

Un yacimiento único

«Se trata de un yacimiento único poco conocido en Europa, porque hasta ahora solo se había publicado en revistas italianas», señala Gibaja, quien fue el precursor en 2017 junto con Mineo y Mazzucco de un proyecto internacional para poner en valor el sitio. «Había mucho trabajo que hacer, sobre todo aplicando las nuevas técnicas desarrolladas en los últimos años», señala.

Por ejemplo, a pesar de que se presuponía que las piraguas eran de neolítico, no se tenían pruebas directas. «Nosotros extrajimos muestras de las canoas, pudiendo fecharlas en diferentes etapas entre el 5600 y el 5200 a. C. Ahora sí que podemos decir que son las embarcaciones más antiguas del Mediterráneo y las más antiguas del neolítico que se conocen», indica el investigador del IMF-CSIC.

Sin embargo, a pesar de su antigüedad, sí que se han hallado embarcaciones anteriores, del periodo mesolítico (9.000 años atrás, durante las últimas poblaciones nómadas), «si bien son ejemplos encontrados en el norte de Europa, en lagos o turberas, zonas con gran humedad y donde se conserva mejor la madera», indica Gibaja, quien explica que la principal diferencia estriba en que estas embarcaciones son de menor tamaño y menos sofisticadas.

Los autores indican que, posiblemente, bajo los sedimentos del lago Bracciano, del que solo se ha revelado un 25% del yacimiento, haya más tesoros neolíticos escondidos. Seguramente más pruebas que apoyen la teoría de que estas sociedades eran mucho más complejas de lo que cabría esperar.

ENLACES:

https://www.abc.es/ciencia/hallan-primeros-barcos-prehistoricos-mediterraneo-7000-anos-20240320180737-nt.html

sábado, 21 de octubre de 2023

🔼 Unas sandalias de esparto halladas en una cueva de Granada, el calzado más antiguo de Europa

  •  Agricultores del Neolítico hicieron las esparteñas hace 6.200 años con el mismo material que usaban los cazadores-recolectores para sus cestos tres milenios antes 


Tres de los objetos recuperados de la Cueva de los Murciélagos: a la izquierda, un mazo hecho con madera de olivo, junto a dos sandalias de esparto.


Hace casi 200 años, Juan Martín, dueño de unas tierras en Albuñol (Granada), descubrió una cueva no muy lejos del mar. De difícil acceso, su techo estaba lleno de murciélagos y el suelo cubierto de guano. Eran los tiempos del nitrato de Chile, el fertilizante obtenido de las deposiciones de las aves de ultramar. La Cueva de los Murciélagos se convirtió en la principal fuente de nitrógeno natural de la península Ibérica. Durante su aprovechamiento, en 1857, se descubrieron vetas de color rojo, lo que llevo a pensar que había galena, mineral rico en plomo. Fue lo peor que le pudo pasar a la cueva. Entre el guano y el plomo, entre la necesidad y la avaricia, los mineros expoliaron todo lo que había dentro.


En lo más profundo de la oquedad encontraron una galería convertida en cementerio, con decenas de restos humanos parcialmente momificados y enseres típicos de un ajuar funerario, utensilios, punzones de hueso, puntas de flecha, herramientas de piedra... Y también cestos y una veintena de sandalias de esparto. La maldición se completó al hallarse una diadema de oro sobre uno de los cadáveres. Esto desató el frenesí de los necesitados. De los cuerpos, casi 70, apenas se conserva el cráneo de un niño en el Museo Arqueológico Nacional. De la cestería y las esparteñas, se sabe ahora que son las más antiguas de Europa.


Un trabajo colectivo de una veintena de científicos de distintas disciplinas, desde la geología a la historia, ha analizado 14 de las decenas de objetos de esparto de la Cueva de los Murciélagos con las técnicas y metodología actuales y algunos son los más antiguos jamás encontrados. El arqueólogo de la Universidad de Alcalá y primer autor del nuevo estudio, Francisco Martínez, destaca que hay dos grandes grupos de objetos y materiales de esparto. “Los cuatro mejor conservados tienen unos 9.500 años, son del periodo mesolítico, de dos milenios antes de que llegara la agricultura a la región”, destaca.



Estos cestillos de esparto tienen 9.500 años. Aún hoy se usan técnicas similares en el trabajo del esparto que se conserva en el sureste de España.


Eso supone que quienes los elaboraron eran cazadores-recolectores. Tal datación sitúa estos enseres, todos cestos, como los más antiguos del sur de Europa y, probablemente, de toda Eurasia. Los cestillos tenían, como todo lo que había en la cueva, un uso funerario. Dentro de algunos aún había cabellos y presentes, como semillas de adormidera, elementos que se están analizando y cuyos resultados se darán más adelante dentro del proyecto de investigación del lugar, MUTERMUR.


Un hallazgo decimonónico

Diez años después de que se iniciara el expolio de la Cueva de los Murciélagos, el abogado y arqueólogo almeriense Manuel Góngora y Martínez, que ocupaba entonces la cátedra de Historia Universal en la Universidad de Granada, fue a Albuñol y visitó la cueva. Allí encontró huesos y objetos desperdigados, muchos carbonizados por el fuego de la caldera minera. Góngora recuperó lo que pudo, entrevistó a los vecinos, les compró decenas de restos arqueológicos y determinó que eran prehistóricos. Su trabajo ocupa la mitad de su libro de 1868 Antigüedades Prehistóricas de Andalucía.


La arqueología oficial, encabezada por el pintor y arqueólogo Manuel Gómez Moreno, dudó de la autenticidad de lo encontrado en la cueva. Góngora murió sin que le reconocieran el valor de lo encontrado y su familia donó su colección a los museos arqueológico y antropológico de entonces. Hubo que esperar un siglo, hasta la década de 1970, a que el primer acelerador de partículas que hubo en Madrid determinara mediante la datación por carbono-14 que Góngora tenía razón. Años después, sucesivas dataciones situaron los materiales en los inicios del Neolítico europeo.


“Casi todas las sandalias eran de niños, su talla se correspondería con una 37 de hoy. Los enterraron con ellas puestas“


Otros visitantes de la cueva dejaron allí, durante los siglos siguientes, sus propios cestos funerarios, de nuevo de esparto. Pero había algo más. Ya en su libro, Góngora destacó que recuperó un par de decenas de esparteñas. “Casi todas las sandalias eran de niños, su talla se correspondería con una 37 de hoy. Los enterraron con ellas”, dice Martínez. La datación por radiocarbono estima para ellas una edad de 6.200 años. Antes de esta investigación, publicada en la revista científica Science Advances, la zapatería prehistórica más antigua eran una especie de alpargatas recuperadas en un yacimiento en Armenia y datadas en 5.500 años. Por comparar, la especie de botines de cuero sobre sandalias de fibra vegetal que llevaba Ötzi, el hombre de los hielos, tienen 5.300 años. Más allá de la datación, lo que fascina a Martínez es que dos mundos tan diferentes como el de los cazadores-recolectores y el de los agricultores neolíticos “estén unidos por el esparto”.


La investigadora de la Universidad Autónoma de Barcelona y coautora del estudio, María Herrero, trabaja en una tesis sobre fibras vegetales prehistóricas. Sobre la cestería, Herrero recuerda que en el yacimiento de Les Coves de Santa Maira (Alicante) se han encontrado fragmentos de esparto aún más antiguos, de hace 12.500 años, pero “no hay nada comparable, tan bien conservado, con tanta decoración y variedad de técnicas, como la cestería de la Cueva de los Murciélagos”.


En cuanto a las sandalias, “no hay calzado anterior a las esparteñas en Europa”, añade. De casi todas solo quedan las suelas, pero hay un par de ellas de las que surgen lo que debieron ser unas tiras que, como señala la prehistoriadora, “se cruzarían como hoy lo hacen en las sandalias de playa y las unirían al tobillo”. El ilustrador del libro de Góngora las dibujó ya hace 150 años (ver imagen más abajo). Aunque todo el esparto encontrado en la cueva tuvo usos funerarios, Herrero destaca una marcada diferencia. Los cestos y demás objetos no identificados del mesolítico, los más antiguos, no estaban usados ni desgastados, “formaban parte de la ofrenda”. Mientras, los cestillos y sandalias posteriores, las neolíticas, sí estaban desgastadas y “habían acompañado al fallecido en su vida”, comenta. En cuanto a la tecnología, Herrero destaca que “algunas técnicas usadas, como la cestería espiral cosida, une ambos periodos, pero también conecta la cueva con otros yacimientos, como el de La Draga, en Banyoles, Girona”. Aún hoy, destaca la investigadora, “se sigue trabajando el esparto como lo hacían en la Cueva de los Murciélagos”.



Esta página de la obra 'Antigüedades prehistóricas de Andalucia' de Manuel Góngora y Martínez muestra, abajo a la izquierda, como eran las esparteñas que encontraron en la cueva.


Parte de la maravilla de esta historia es que la prehistoria la han escrito cosas que duran: los huesos de los fósiles humanos, los de animales convertidos en utensilios o armas y, sobre todo, la industria lítica, las piedras. No en vano, los grandes periodos prehistóricos —Paleo, Meso o Neo— llevan el sufijo lítico. De todo esto hay en la Cueva de los Murciélagos, pero lo que solo hay aquí y casi en ningún otro lugar son cosas hechas de fibras obtenidas de una hierba, la Macrochloa tenacissima. En otras latitudes, la planta despliega hojas planas, pero en zonas áridas como era y es la de Albuñol, se enrollan sobre sí mismas formando hilos.


El problema es que todo lo hecho con materiales orgánicos, y el esparto lo es, está condenado a desaparecer y más en una cueva. Lo cuenta el geólogo del Centro Oceanográfico de Canarias, del Instituto Español de Oceanografía-CSIC, y coautor del estudio, José Antonio Lozano: “En cualquier otro lugar los cestos y las sandalias habrían desaparecido. Lo orgánico desaparece fundamentalmente por culpa del agua, que facilita la proliferación de las bacterias que se comen la materia orgánica”. Pero aquí no hay humedad “por el clima de la zona y por la topografía y morfología de la cueva”, detalla el experto. Además, la posición de la oquedad facilita la llegada de vientos que resecan aún más el interior. “Eso hace que apenas haya espeleotemas [estalactitas o estalagmitas, por ejemplo]. Es única en Europa”, termina.


La misma sequedad que preservó sus esparteñas también momificó a sus portadores. Hace 155 años, el arqueólogo Góngora y Martínez ya dejó escrito en su libro que la gruta debía tener algo especial, lamentándose por su expolio: “La sequedad del lugar, el nitro de que estaban revestidas las paredes ú [sic] otro agente difícil de señalar, había conservado perfectamente los cadáveres, trages [sic] y utensilios. Más de 40 siglos han respetado esa necrópolis. No la despedacéis vosotros en un día como dementes é [sic] insensatos”.


ENLACES:


https://elpais.com/ciencia/2023-09-27/unas-sandalias-de-esparto-halladas-en-una-cueva-de-granada-el-calzado-mas-antiguo-de-europa.html?utm_medium=Social&utm_campaign=echobox&utm_source=Facebook&fbclid=IwAR21oCD8z-Qzc7sfURSxYIfMGpjvj1n-eIb2iSuvOeVTRzdLXtE5p3yJrEY#Echobox=1695837797

miércoles, 23 de noviembre de 2022

LOS AGRICULTORES NEOLÍTICOS EUROPEOS YA BEBÍAN LECHE HACE 7.400 AÑOS

 

Los arqueólogos han detectado restos de grasa láctea en las paredes de las vasijas de cerámica de los asentamientos de la cultura Linearbandkeramik en Europa Central

La introducción y difusión de la agricultura basada en los animales rumiantes por parte de los primeros agricultores del Neolítico tuvo implicaciones fundamentales para la configuración de la transición Mesolítico-Neolítico en Europa, transformando por completo la cultura, la biología y la economía de la Europa prehistórica, en formas que todavía determinan nuestra vida moderna.

Estos cambios fueron fundamentales para la difusión de las economías lácteas en todo el mundo y para la evolución de la persistencia de la lactasa en los europeos. Pero ¿cuándo empezaron nuestros antepasados a consumir leche? La Dra. Emmanuelle Casanova, investigadora del Museo Nacional de Historia Natural de París, y su equipo, han llegado a establecer una fecha exacta.

Los pobladores del sureste, este y oeste de Europa fueron los primeros grupos agrícolas neolíticos de Europa Central, conocidos como la cultura Linearbandkeramik (cerámica de bandas lineales). En su estudio, que forma parte del proyecto europeo NeoMilk, los autores analizaron más de 4.300 vasijas de cerámica procedentes de 70 asentamientos Linearbandkeramik en busca de sus residuos alimentarios.

Los resultados revelaron una considerable variación en el uso de la leche en toda la región, ya que sólo el 65% de los yacimientos presentaban evidencias de grasas lácteas en las vasijas de cerámica, lo que sugiere que el uso de la leche, aunque común, no fue adoptado universalmente por estos primeros agricultores.

Centrándose en los yacimientos y las cerámicas con residuos lácteos, los investigadores produjeron alrededor de 30 nuevas fechas de radiocarbono para trazar la llegada de la explotación láctea por parte de los agricultores de Linearbandkeramik. Estas nuevas fechas corresponden a los primeros asentamientos de Linearbandkeramik durante la mitad del sexto milenio a.e.c.

Este estudio proporciona pruebas claras de que los alimentos lácteos estaban en amplia circulación en el Neolítico temprano, a pesar de que su adopción no era aún uniforme.

ENLACES:

https://quo.eldiario.es/ser-humano/q2211855113/los-agricultores-neoliticos-europeos-ya-bebian-leche-hace-7-400-anos/

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Las figuritas que cuentan historias de hace 5.000 años

 

El Museo Arqueológico de Alicante muestra 226 piezas que colgaban del cuello de sus dueños, presidían estancias o se colocaban en las tumbas y que eran comunes en el Sur peninsular en el Neolítico


jueves, 28 de mayo de 2020

El Neolítico llega a la Península Ibérica

El comienzo del Neolítico en la Península Ibérica, y con ello los avances del Neolítico llegaron a nuestro territorio por mar y fueron introducidos por grupos humanos procedentes de oriente que se instalaron inicialmente en la zona costera mediterránea. Estos primeros emigrantes neolíticos fueron seguidos, tiempo después, por nuevos grupos que llegaron también por mar y que introdujeron novedades en la cultura neolítica. 


http://e-ducativa.catedu.es/44700165/aula/archivos/repositorio//3750/3884/html/21_el_neoltico_llega_a_la_pennsula_ibrica.html

Revolución Neolítica. Pulir en vez de tallar

El Neolítico, o la edad de la piedra pulimentada, se inició en el Próximo Oriente (Palestina, Israel, Jordania...) hace unos 10.000 años. Lo más destacado, además de las nuevas técnicas con las que se fabrican herramientas, es el cambio en la estructura económica de estas sociedades: se pasa de una economía depredadora a una economía productora.


http://e-ducativa.catedu.es/44700165/aula/archivos/repositorio//3750/3884/html/2_la_revolucin_neoltica_pulir_en_vez_de_tallar.html